Diario
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La luz del alba se coló por la rendija de la persiana. A pesar del antifaz de seda que llevaba, sus ojos detectaron el tenue cambio de claridad. El dormitorio se deshizo paulatinamente de la oscuridad que lo envolvía y se vistió con los colores cálidos del amanecer. Era sábado, pero aun así se levantó.
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La casa la abrazó nada más entrar por la puerta. La alfombra persa suavizó su pisada. Los muebles que tantas historias habían vivido con otras gentes y en otras casas se habían acomodado en su pequeño apartamento. Los cajones que en otra hora atesorasen objetos personales de personajes que ella nunca llegó a conocer ahora
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